Ante la ignorancia, el miedo a la muerte, al mañana y al mundo y a los fenómenos naturales, y a la culpa de nuestros propios errores y defectos, es que inventamos a los dioses (en todas sus formas, Zeus, dragones que tapan el sol, Fortuna...mitos y la última versión occidental: Dios) típico del ser humano, echarle la culpa a otro, el chivo expiatorio, el cordero que asume nuestras culpas.
Los dioses han sido la válvula de escape a la ansiedad del ser humano, al miedo paralizante de la muerte inminente.
Claro que funciona este placebo, orar, hacer sacrificios, complacer y hacer lo que el ser divino nos diga o creemos que nos dice... ponemos palabras en sus bocas, salidas de lo más incomprensible hasta ahora para la ciencia: nuestro cerebro y el fenómeno electroquímico de la conciencia...
el ser humano a podido salvar su salud mental, sobrevivir al estrés y liberarse de la carga emocional que supone vivir.... echandole la culpa a Dios.
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